Algunas películas son como la canción ‘Cumpleaños feliz’, la cantes en el idioma que la cantes, suena siempre igual. No es solo reproche, todo lo contrario, pues el tema funciona. Lo que se necesita para destacar, para amplificarse con el tiempo y para convertirse en paradigma es buscar nuevos tonos, insólitos arreglos y, ante todo, diferentes melodías. Iván Zulueta lo hizo sin pretenderlo. Arrebato cambió la noción del cine patrio, lanzando una nueva composición, y lo enclavó en la postmodernidad. La historia de un hombre tan sediento de cine que se convirtió en película no se comprendió en su momento y ahora es culto. Ahora sigue siendo manufactura a la que aspirar. Marta Medina y Enrique López Lavigne lo sabían y El último arrebato ha intentado darle de nuevo voz. Película de Zabaltegi, didáctica y amplificadora de la herencia del autor de solo una obra, es coherente en su parte documental, pero al intentar emular al cineasta vasco, queda caprichosa y algo fatua. Pero pedagógica, que es lo que interesa.

‘Nouvelle Vague’ de Richard Linklater.
Richard Linklater también hizo su homenaje a otra obra de las que cambian la forma de cantar las cosas. Nouvelle Vague nos cuenta la realización de la innovadora Al final de la escapada. Y lo hace, al revés que Godard, sin libertad y sin improvisación, con una planificación morrocotuda y un diseño de producción importante. La película, dentro de la sección Perlas, es muy divertida, amable y, a ratos, puede recordar a una Concha de Oro de los últimos años: The Disaster Artist.
Harris Dickinson presentó en Zabaltegi su ópera prima y, aunque plasmar la indigencia puede sonar a empezar por lo conservador, el guapo actor inglés le dio empaque y cinefilia a la propuesta. Realismo y surrealismo bien encajado que deja a Dickinson en la casilla del cine británico que se viene. Se llama Urchin y llegará a España en un par de meses.

‘Sentimental value’ de Joaquim Trier.
Y, antes de dedicarle unos párrafos a la sección oficial de este ecuador del certamen, dejemos en el lugar que se merece a la perla Sentimental Value, de Joaquim Trier. Un sensacional guion puesto, también de forma superlativa, en imágenes. Dos hermanas se reencuentran con su distanciado padre. Un director de cine que le ofrece a una de ellas un papel en su nueva película. Y todo ello con la casa familiar como testigo y eje vertebrador de sensibilidades. Las dos películas, la de Trier y la del padre, buscan curar deudas pasadas, desagravios y proyectar los recuerdos de una madre muerta en la ficción más estomacal. Aunque Nórdica, eso siempre, la secuencia en la que el director le regala a su nieto de ocho años las películas, en DVD, de La pianista, de Haneke, e Irreversible, de Gaspar Noé es bastante hilarante.

‘Los tigres’ de Alberto Rodríguez.
Ahora sí. Empecemos por el principio de las que concursan. Empezó el festival con la película uruguaya 27 noches. Fácil, sin riesgos ni debates y con algo más de profundidad de lo que aparenta, la película de Daniel Hendler presenta a Martha Hoffman, una mujer rica que debe ser entrevistada por un perito para evaluar su salud mental. Un encargo de unas hijas que temen por su hinchada herencia. Un filme que se consume como un kebab tras una noche de fiesta, pero que no le va a venir muy bien el ser proyectada tan pronto dentro de la sección oficial. Los Tigres, de Alberto Rodríguez, es un thriller submarino realizado con mucho oficio que, como su protagonista, fluye mejor debajo del agua. Dos actores, de la Torre y Lennie, perfectos en sus papeles de hermanos que se necesitan como el respirar. Los Tigres, aunque con lugares transitados, destaca por sus villanos sin cara y por la gran espectacularidad de su fondo.

‘Los domingos’ de Alauda Ruiz de Azúa.
Deux pianos, del director galo Arnaud Desplechin, es un melodrama descompuesto que nos habla de que el pasado nunca abandona por mucho que seas un pianista reconocido. Lo más interesante es el instante en el que el protagonista encuentra un niño en un parque idéntico a él. Sin embargo, lo que parecía magia fue simplemente desamor de juventud. Las dos siguientes candidatas, también francesas, sí supieron estar a la altura. Claire Denis presentaba The Fence. En algún país del África Occidental, un hombre se presenta frente a las instalaciones de una empresa inglesa, de las que expolian materia prima, para reclamar el cadáver de su hermano. Lo que el capataz quiere enmascarar como accidente laboral, esconde un crimen racista y de poder. Unas secuencias, por fin, con tiempo para recrearse en su contenido, que nos muestran la autoridad y las necesidades de unos personajes encerrados de forma literal y de forma metafórica. Six jours ce printemps-là, del merodeador del Zinamaldia Joaquim Lafosse, nos contó… pues eso, seis días en la primavera de una madre que quiere que sus hijos tengan unas buenas vacaciones y los lleva a la villa de lujo que su exsuegro tiene en Saint-Tropez. Allí les acompañamos y dormimos con ellos en unas estancias sin luz ni gas, como fantasmas que pretenden disfrutar de los últimos coletazos de su recién derrotada burguesía. Mi favorita del festival si no fuera porque Alauda Ruiz de Azua nos invadió y emocionó con Los domingos. Una joven de 17 años comenta en casa la intención de no seguir estudiando y entrar en un convento de clausura. Una noticia que explota como una bomba en su núcleo familiar y que afecta de modo diferente a cada miembro. Es impresionante como la directora y guionista comprende a todos los personajes y el debate ya se lo deja al espectador. Preguntas, más que respuestas, y Nick Cave en la soundtrack. Palabras mayores, Los domingos que, yo creo, rascarán galardón. Película vasca que, junto a Maspalomas, de Goenaga y Arregi, entran a competición. La película de los Moriarti tiene un arranque espectacular, visual y sonoro, que luego torna en candidez y menos hondura. Aun así, la historia del setentón Vicente que, tras romper con su novio de 25 años, por fin puede llevar la vida que deseaba en Maspalomas y como un ictus le lleva de nuevo al armario en forma de residencia es conmovedora, agradable y, lo que es mejor, necesaria y desacostumbrada.

‘Franz’ de Agnieszka Holland.
Couture era uno de los ofrecimientos más esperados del inicio del festival, no tanto por su argumento, sino por su actriz protagonista que, además, se dejaba caer por la alfombra roja. Otra francesa entrega que, con la cara al frente de Angelina Jolie, cuenta la historia de cuatro mujeres durante la Semana de la Moda de parís. Maquilladora, modelo, modista y cineasta encargadas de dar forma a un desfile. Alice Winocour no decepciona, aunque sí es verdad que la historia menos interesante es la más alargada, casualmente la de Jolie, y las otras están poco desarrolladas. ¿Imposiciones de la producción? No sé. En Ungrateful beings, coproducción de media Europa, su realizador Olmo Ormezu no creo que pasará por esos gravámenes y su película exhumaba libertad. No es de visionado fácil por el poco cariño a sus personajes, pero cuando parece que la película se le va a escapar, vuelve a acceder con fuerza: trastorno alimentario, asesinato, guasapeo indecente y un camping en el Adriático. Yo entré al trapo. Al igual que con Franz, de Agniesza Holland. Aunque los corrillos a la salida del pase machacaban el Biopic de Kafka presentado por la cineasta polaca, a mí me pareció correcta, de acento fresco y con grandes momentos. Una película de época, salpicada del beneficio que, en la actualidad, sacan del escritor de La metamorfosis en su Praga natal mediante museos, hamburgueserías e, incluso, un pedazo de hierba junto al río Moldova en el que Franz tomaba el sol. Vamos que, como una vez se dijo de Rosendo Mercado, la señora Holland es más moderna que la mayoría de sus seguidores. Además, dirigió varios capítulos de The Wire. Una grande.
En la que no he podido entrar, por cansancio y saturación de reiteradas situaciones, ha sido en el contenido de la japonesa Sai: dissaster. Me he dejado llevar por su efectiva y afectada realización, perdiéndome el porqué de tanta muerte. Culpa mía. Pues, volviendo al gran Iván Zulueta y a su Arrebato, “las películas, como los vampiros, solo te pueden poseer si las invitas a entrar”. Y a esta última no le he abierto la puerta del todo. Seguimos. Que viene Panahi.








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