Resulta que a Ben Affleck le secuestran al hijo y, en lugar de aprender de Liam Neeson y decirle al secuestrador que, por mucha voz metálica que ponga, lo va a encontrar y lo va a reventar a hostias, se pone a gritar y a echarle a su mujer cosas en cara. Qué mejor momento que este para ventilar problemas conyugales ¿verdad?

Aunque luego resulta que no. Que al que han secuestrado es al hijo de su criada. Vaya, la sombra de Kurosawa asoma por la película, pillín. Pero esto es una plataforma que busca masas y las sutilezas son para los que ven La 2 y escuchan Radio 3. Así que sigamos gritando un rato más, repitámoslo todo dos veces y veamos si un niño hispano vale los siete millones de dólares que piden.

Esperad, que sigo. El bueno de Ben se está presentando para alcalde de Los Angeles y, claro, el votante latino de esa ciudad no es moco de pavo. No solo están Sofía Vergara y Guillermo del Toro, sino muchísima más peñita que, aunque con poca plata, su voto vale igual que el de las estrellas. Nada. Pues llaman a una señora (es Gillian Anderson) para que les deje los siete millones, que le devolverán con más interés que Ayuso por los áticos.

Y la señora de los siete millones aparece. Parece una imitadora de garrafón del Señor Lobo de Pulp Fiction. A ver, amiga, trae la pasta y ya te la devolveremos o nos partes las piernas. ¿Por qué te quedas a joder la marrana y vas de experta en secuestros? No entiendo nada. ¿Y los diálogos? ¿Por qué habláis así? ¿Y ahora te vas a un mitin a practicar tu español? ¿Y ahora te enteras de que tu mujer te la pega con otro? ¿Estamos a secuestros de niños o a crisis de pareja?

No culpo al ex de Jennifer López. Seguro que la película es alimenticia o, en este caso, para comprarse un barco más grande. Aun así, el director de Argo, Adiós, pequeña, adiós o Air podía habérselo currado un poquito más, que se le ve a la legua que la película está hecha con más desgana que un domingo por la tarde.

Está en Netflix. Se llama Animales.

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