Todo es contenido. En un momento ecuatorial de A la cara, los dos protagonistas absolutos del relato juegan a la brisca en una añosa mesa de comedor. No hablan. No se miran. Se limitan a tirar y recoger cartas. Estamos en una escena dilatada, muda y repleta de significado. Porque si algo ha demostrado Javier Marco con solo dos largometrajes es que los silencios también hablan. Todavía recuerdo la apabullante secuencia de la tortilla de patatas de Josefina: sin palabras y con una enorme carga emocional.
Sigo. En los primeros minutos de la película, un hombre dispara a los pájaros posados en la rama de un árbol. El perro del protagonista recoge una de las aves abatidas y, cual gato doméstico, se la entrega a su dueño como ofrenda. Más adelante descubriremos que se trata de una plaga de cotorras cuya población debe ser controlada. La cotorra, metafóricamente, es aquella persona que habla mucho, cotillea y utiliza un discurso superficial.
Poco después del suceso del pajarillo, una mujer llama a la puerta de la casa del dueño del perro. Se trata de una famosa presentadora de televisión que quiere que le diga ‘a la cara’ y en voz alta el mensaje de odio que le escribió en las redes sociales y, de paso, que le enseñe la habitación que alquila. Pedro y Lina, que así se llaman, empezarán a convivir y a compartir experiencias: él le enseñará lo que es la soledad voluntaria y la sociopatía de baja intensidad, y ella le mostrará lo que es vivir en el foco de una sociedad que habla sin conocimiento. ¿Cotorras?
Marco no utiliza discursos, sino que deja brotes de información, sin juzgar, en la imagen: espejos que no se rompen, las bolsas de los ojos de Manolo Solo, bailes de alivio, bragas a dos euros y mantequilla entre dos galletas maría. Al igual que no utiliza planos preciosistas, pero sí efectivos (la setentera casa es mal escenario para el lucimiento formal, aunque bueno para ejemplificar). Es este un director alejado de las audiencias y del ruido, de las historias grandilocuentes o biográficas y de presentar personajes (u actores) que podrían estar invitados a la casita de Bad Bunny.



