Vista a las cuatro de la tarde, la hora de la siesta. La música de Brian Eno jugando a favor del aturdimiento. Puesta en escena casi documental. Una familia húngara se traslada a Canadá. Muchos silencios, gran tratamiento del sonido fuera de campo. Ecos de Charlotte Wells e, incluso, de Carla Simón. Sencillo podía parecer el sucumbir a los vermús previos al pase. Pero no. El debut en el largometraje de Sophy Romvari es una de las mejores cosas (cinematográficas) que le han sucedido a este 2026. Se llama Blue Heron y es magistral.

No es grandilocuente ni está preocupada por llevarnos, secuencia tras secuencia, a lugares reconocibles y cómodos. Es una miniatura sanadora y responsable con el relato que tiene entre manos. Surge del deseo de una directora de contar la historia de su familia y de cómo afectaron los problemas de salud mental de uno de sus hermanos. Y lo cuenta de la mejor manera posible.

Una narración dividida en dos partes claras y en dos épocas diferentes. La primera transcurre en un verano de los noventa, cuando la familia afronta una de sus muchas mudanzas (quizá motivada una vez más por el comportamiento agresivo y complejo del hermano mayor o quizá no). Después, una sensacional elipsis, situada en el momento y con el discurso justo, nos lleva hasta una época más reciente en la que la hija necesita documentar lo sucedido.

El filme nos ofrece un conmovedor realismo, que parece registrado por una cámara doméstica, para abordar un tema dolorosísimo sin culpar ni buscar culpables. La familia, el entorno, los organismos públicos, el idioma… Todo está tratado de manera tan rigurosa y natural que parece que estemos merodeando y curioseando más que mirando. Una película híbrida, fragmentada, directa, corta, personal y cercana; de esas que se siguen pensando días después de su visionado, de esas que no quieren respuestas, sino simplemente contar para curar.

Vamos, que muy bien. La vería otra vez y ahora mismo, aunque solo fuera por la secuencia de las dos Sashas mirándose, comprendiéndose y contándose (al oído) cómo será el futuro (o quizá no le esté contando eso). Véanla ustedes y me dicen, no creo que dure mucho en cartelera.

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