El agente Secreto comienza con una escena tan luminosa como inquietante: el protagonista llega en su Volkswagen Beetle amarillo a una gasolinera para repostar. A pocos metros del surtidor, sin música que subraye ni dramatización alguna, yace un cadáver cubierto con cartones.
Mientras llena el depósito, el encargado le comenta con naturalidad que no se preocupe: se trata de alguien que, días antes, intentó atracar el establecimiento y fue abatido por un compañero suyo. La policía —añade— no ha podido hacerse cargo del cuerpo porque es época de carnaval y la violencia está a la orden del día.
Se nos instala, desde el primer momento, en una normalización perturbadora de la muerte y del desorden institucional. Sin embargo, pocos segundos después, esa supuesta ausencia policial se contradice: un coche patrulla aparece en la gasolinera. No vienen por el cadáver. Vienen a identificar al conductor del Volkswagen Beetle amarillo y comprobar si pueden sacarle “algo de provecho”.
La secuencia termina con una familia que se acerca a la gasolinera en su destartalado coche y, al ver el panorama, grita y se aleja acelerando. No sabemos si su espantada es por el muerto o por la policía.
Se habla de que la película es críptica en exceso. Ahora bien, esta introducción no oculta sus claves y nos previene de lo que está por venir: una época hostil y corrupta, atravesada por la huida constante de unos y la impunidad convencida de otros. De eso nos habla El agente Secreto: de los estragos de la dictadura brasileña a finales de los años setenta.
Es interesante no ponérselo todo tan fácil al espectador. Estamos ante un relato de descubrimiento progresivo: escenas de lectura compleja que se rematan con alargadas secuencias de diálogo aclaratorio y momentos de thriller alucinante que conviven con pasajes alucinados. Todo ello sostenido por una realización con mucho estilo, un tratamiento cromático basado en los tres colores de la bandera brasileña (impresionante esto) y una memoria histórica, tan necesaria en la actualidad, como concepto de fondo.
Um grande filme, sem dúvida. E longo também, sim.



