Estética caníbal. Una película que se quiere en exceso. Hermosa de ver. Mezquina de vivir. Interiores y colores Kaurismäki, aunque, tal vez por su origen, con algo más de diálogo. El jockey trata sobre Remo Manfredini, el que monta a caballo, autodestructivo con su talento y el dinero de los demás que, de repente, sufre un accidente y desaparece. ¿Qué quiere Manfredini?, ¿qué busca Manfredini? Y, sobre todo, ¿qué quiere Luis Ortega?, ¿qué busca Luis Ortega?

Estamos ante una propuesta arriesgada que busca la exposición por encima de la proyección, que va de más a menos, con momentos destacados y buena música; si bien la reunión de secuencias, por desgracia, pueden funcionar separadas. Y el recado, el mensaje o las intenciones del realizador quedan difusas. Morir y renacer, quizá.
No sé. La formalidad me vale. La historia no tanto. El jockey sucumbe en su propia compostura. El preámbulo y la conclusión están bien. El problema está en el medio. Película de frases cortas. Película corta. Eso sí. ¡Viva Nahuel Pérez Biscayart! ¡Viva la libertad creativa!








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