Expectativas. Tanto el concepto que vertebra el argumento de Materialistas, como todo el jolgorio que rodea a uno de los estrenos más esperados del verano, tiene que ver con las expectativas. Celine Song, la autora que hace un par de años conquisto al público y a parte de la crítica con una comedia romántica elegante, alternativa y que no provocaba caries, estrena ahora su segunda y esperada propuesta. Un aprieto al que muchos jóvenes cineastas se enfrentan, pues, al dictamen de una obra en sí misma, se le suma la curiosidad de la evolución. Y es ahí, en ese conflicto continuado, donde la crítica se mueve entre la ratificación y el despecho, entre el no querer afectar y el comparar a la directora consigo misma.
Si vemos Materialistas como un producto aislado de su entorno, es el degradado el que mueve los hilos. Dos primeros actos aceptables, de diálogos lógicos y dirigidos, dejan paso a una conclusión alargada, reiterativa y sobreexplicada. Una opinión que no resta talento a Song, es solo que ha intentado gustar a demasiada gente con el cierre.

Una casamentera profesional, destacada en su trabajo y que cree que las parejas se unen por intereses materiales, se encuentra en un brete amoroso (o vital) entre un multimillonario atractivo con limusina en la puerta y un exnovio de coche destartalado y actor en teatros alternativos. Como en Vidas pasadas, Celine Song nos presenta otro triángulo amoroso, con tres personas buenas y dialogantes en el interior de sus ángulos, pero, esta vez, la decisión final es tan esperada como, quizá, poco debatida: aunque en exceso argumentada por la directora en el último tercio del largometraje. Desde una secuencia en la que la pareja (no digo cuál) está bailando en una boda, rodeada de parejas de toda clase que, se nota, buscan contentar a demasiado porcentaje de su público objetivo, la película está ya cerrada. Aun así, nos machaca con la decisión de su protagonista. Vamos, Materialistas no es de color blanco ni negro. Está en escala de grises. Las películas de Celine Song hay que seguir viéndolas; y, como hicimos con Vidas pasadas, sin entrar en la sala con tantas expectativas.








No Comment