“La mejor película de terror del año”, y van una docena, es una celular e íntima fábula sobre la sumisión romántica de la vida en pareja que se torna física. “Separémonos ya, porque más adelante será más difícil hacerlo”, dice uno de los dos protagonistas. Sentencia equilibrada para el cine sentimental y ultrarrealista para el de terror.

El cineasta australiano, Michael Shanks, tenía claro el concepto y eso es lo que se extrae del visionado: la videocreación al servicio de una historia mínima. Una pareja en semicrisis decide no tener un hijo, pero sí irse a vivir aislados al campo. El tiempo, como siempre, se convierte en villano de la relación y la única dependencia real es la de él, pues no tiene carnet de conducir. Ni follan ni hablan mucho, aunque el quedarse aislados en una cueva, sin poder salir, hace que se cuenten todo lo que necesitan ellos y el espectador. A partir de ese momento, y por haber bebido el agua de la gruta, las transformaciones emocionales y físicas acuden al relato.
Together es una nueva migración por el body horror más sentimental con unas escenas punk inteligentemente alargadas (aunque recuerdan a la parte alucinógena del tercer acto de Queer, de Luca Guadagnino) y un final de los que agradan siempre. ¿Acabarán juntos? Ellos no sé. A mí me ha gustado, pero no me ha enamorado.








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