La película se abre con Marta y su marido discutiendo al llegar a casa tras una fiesta. Y no me refiero a ¿Quién teme a Virginia Woolf?, pues esta Marta es mucho menos autodestructiva. El altercado es mínimo y casual y, extrañamente, al contrario que de lo que ocurre en la película de Mike Nichols, esta vez sí acaba en separación. Se llama Tres adioses y es el último trabajo de Isabel Coixet.
Poco más (o nada) tienen que ver ambas películas. La pensada por Edward Albee es un devastador drama, intenso y sin ternura, y la basada en la novela de Michela Murgia es un agradable ejercicio de modernidad controlada, convertido en un filme de autoayuda del que sales con ganas de vivir o, por lo menos, de beber.
Tres adioses cuenta dos historias entrelazadas por la contingencia. Tras la discusión mencionada en el primer párrafo, Marta y Antonio ponen fin a su relación: ella queda hundida y sin saber qué hacer con su vida, mientras él, sin dejar de pensar en ella, rehace la suya y se dedica a su restaurante con más aplomo. La irrupción de una grave enfermedad en la vida de Marta reordena por completo las prioridades de ambos.

Un mensaje tan reconocible como gastado sobre la urgencia de vivir se lanza envuelto en estética. Una película bonita, pero hecha para gustar a todos. En la música conviven los ritmos urbanos y actuales de Mahmood con Nina Simone y el universo San Remo de los sesenta. En lo visual, entramos en los rincones desconchados de una Roma alejada de la postal, aunque bañada por contraluces y hechuras fotográficas, casualmente, de postal. En el texto, se alternan voces en off discursivas con grandes diálogos de cercanía emocional (excelentes todas las secuencias donde Alba Rohrwacher comparte intimidad con Francesco Carril).
Si en Mi vida sin mí, la protagonista quería dejar la vida de su entorno preparada para cuando ella no estuviera, en Tres adioses directamente quiere gozar los instantes, comer bien y viajar a Corea. Un individualismo de última hora, completamente comprensible, que deja mensaje en el personal, pero no tanto poso como en la película de 2003.
Véanla: lo que cuenta es triste, pero el sedimento es optimista. Además, se darán cuenta de que Tres adioses no tiene mucho sentido y sí el título original, Tre ciotole (tres boles).



