Según Italo Calvino, un clásico nunca termina de decir lo que tiene que decir. Una sentencia tan inteligente como demoledora, que deja en evidencia críticas tan banales como “clásico instantáneo” u “obra maestra absoluta” y más aún cuando se pronuncian nada más salir de la sala. Una obra no debe agotarse al primer impacto —ni por contenido ni por recursos formales—, sino que el tiempo, el reposo y lo que siga hablando en nuestra cabeza deben colocarla en su lugar (colectivo o personal).

Puede que el problema de Hamnet sea la expectativa y el exceso de exposición mediática (que se lo digan a Oliver Laxe). Una publicidad, pagada o no, que, por lo visto, sitúa al que observa en un lado u otro de la vehemente crítica: en “soberbio ejercicio” o en “nadería absoluta”. Sin embargo, como ocurre en la mayoría de las películas, hay claroscuros y zonas discutibles; y más si nos enfrentamos a las valoraciones como individuos y no como grupos de debate.

Chloé Zhao, sin expectación, sin publicidad y sin elenco afamado, nos dejó en 2017 esa filigrana llamada The Rider. Una maravilla que, casi una década después, sigue siéndolo. Se nos presentaba en sociedad una directora cuya sensibilidad y manejo de las emociones, sin subrayados, se hizo grande pocos años después con Nomadland; eso sí, apoyada por el bajonero de Ludovico Einaudi y algo más de pasta.

Ahora, con su adaptación de Hamnet, Zhao nos sigue demostrando que es una excelente narradora y que ya está entre las grandes voces fílmicas contemporáneas. Aunque también se le nota cierta complacencia con el espectador y haber entrado de lleno en la industria. No importa. Eso nos (me) gusta.

La película cuenta la historia de Agnes, esposa de Shakespeare, ante la soledad, la tragedia y el abandono conyugal. Y hasta el nacimiento de los mellizos estamos ante una trama construida con solidez, con secuencias impactantes, grandes composiciones de planos y una atrayente fotografía de interiores. A partir de ahí, y hasta el desenlace, las formas siguen epatando, pero el relato se vuelve menos orgánico y algo más melodramático y calculado para tocar la patatita. Es una fiel adaptación de la novela, lo sé. Pero es una opinión hacia el relato y no a sus formas. Es una opinión hacia un todo.

Aun así, Hamnet es una muy buena película, con grandes interpretaciones y su visionado en pantalla grande la amplifica. Quizá yo no sea su público y acabe siendo una de esas que hacen época. El tiempo lo dirá.

Leave a Reply